Las cifras que confirmaron lo que ya se sentía.

Lo que se vio en la tarima se sintió en millones de pantallas.
El halftime show de Bad Bunny alcanzó más de 135.4 millones de espectadores, convirtiéndose en uno de los medios tiempos más vistos de la historia reciente del Super Bowl y el más visto desde 2018. No es solo un número: es una señal clara de alcance global.
Pero más allá del récord, hay algo aún más significativo:
fue el primer artista masculino latinoamericano en encabezar el halftime show en solitario, y hacerlo principalmente en español, sin diluir el mensaje ni cambiar el código cultural.
Para ponerlo en contexto, la audiencia superó marcas históricas de otros espectáculos icónicos del Super Bowl y consolidó este momento como uno de los hitos más grandes de representación latina en la televisión estadounidense.
La conversación no se quedó en el estadio.
Las redes sociales explotaron en tiempo real, los medios internacionales replicaron imágenes y análisis, y la diáspora —desde Puerto Rico hasta cualquier rincón del mundo— se reconoció en lo que estaba ocurriendo.
No fue solo un show exitoso.
Fue una validación cultural a escala masiva.
Porque cuando más de cien millones de personas miran una tarima y lo que ven es barrio, idioma, memoria y comunidad… el impacto trasciende el entretenimiento.
Ahí es donde se entiende la dimensión real de este momento:
Puerto Rico no solo estuvo presente.
Puerto Rico marcó época.


